La idea de “una máquina que piensa” se remonta a la antigua Grecia. Pero, desde la aparición de la computación electrónica (y en relación con algunos de los temas tratados en este artículo), ha habido acontecimientos importantes e hitos en la evolución de la inteligencia artificial:
Aprendiendo IA
La inteligencia artificial (IA) es un campo de la informática que se dedica a crear máquinas y computadoras que puedan imitar la inteligencia humana. La IA utiliza algoritmos y modelos matemáticos para procesar datos y tomar decisiones.
Vehículos
Medicina
Ingeniería
Transporte
Mejora en la velocidad de la resolución de tareas.
Interconexión interdisciplinaria
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En 1985 dos científicos vislumbraron el potencial de las redes neuronales. Hoy son “los padres de la IA” y Premio Nobel.
En 1956 un grupo de científicos, matemáticos y pensadores se reunieron en el Darmouth College. Entre ellos estaban Marvin Minsky, Claude Shannon o John Nash —el de ‘Una mente maravillosa’— se reunieron para hablar de una disciplina totalmente nueva. Ahora esas dos palabras están por todas partes, pero en aquel momento sonaban extrañas y utópicas.
John Hopfield y Geoffrey Hinton, galardonados por sus aportes a la inteligencia artificial
En 1956 un grupo de científicos, matemáticos y pensadores se reunieron en el Darmouth College. Entre ellos estaban Marvin Minsky, Claude Shannon o John Nash —el de ‘Una mente maravillosa’— se reunieron para hablar de una disciplina totalmente nueva.
El nombre IA (AI en inglés) se le ocurrió a John McCarthy, un joven profesor de aquella institución que trabajó durante un año en organizar ese ciclo de reuniones. Todos los que participaron en ese congreso salieron entusiasmados con el proyecto de crear una inteligencia artificial, aunque acabarían darse de bruces con una realidad terrible: se habían adelantado a su tiempo. La capacidad de computación de la época no permitía resolver los grandes retos de la IA.
Ese problema permitía por ejemplo interpretar imágenes y que una máquina pudiese reconocer lo que mostraba una imagen. Que un perro era un perro o un humano un humano, por ejemplo. El trabajo en ese campo evolucionó de forma errática, pero en 1982 pasó algo.
Ese año John Hopfield, físico teórico —nacido en 1933, e hijo de dos físicos teóricos— publicó un trabajo sobre un modelo de una memoria asociativa basada en una red neuronal recurrente. Los conceptos que manejó estaban muy ligados al campo de la física a pesar de aplicarse al ámbito de la computación —en concreto, a la descripción de materiales magnéticos—, y Hopfield tenía eso muy claro.
Su idea era singular y permitía que un sistema inicializado con un patrón incorrecto —por ejemplo, una palabra mal deletreada— acababa “atraído por un nodo “de mínima energía” de la red neuronal, lo que daba como resultado la corrección del sistema —que la palabra resultado fuese escrita correctamente—.
La idea acabó desembocando en un trabajo de Hopfield y David Tank de 1986. En él proponían un sistema que resolvía problemas complejos inspirado en cómo se comportan los sistemas físicos a lo largo del tiempo.
En el “modelo analógico”, como lo llamaban, en lugar de trabajar con números (ceros y unos) y ordenadores, usaban un sistema que cambiaba de forma suave, gradual y continua. Codificaban el problema con una red en la que las conexiones entre las distintas partes de la red tenían ciertos pesos y eso guiaba al sistema a lograr la mejor solución. Según la Real Academia Sueca de Ciencias, “Hopfield hizo una contribución fundacional a nuestro entendimiento de las capacidades computacionales de las redes neuronales”.
Precisamente para “redondear” el trabajo de Hopfield fue crucial la labor de Geoffrey Hinton, que entre 1983 y 1985 trabajó con Terrence Sejnowski y otros investigadores para desarrollar una extensión estocástica (probabilística) del modelo de Hopfield de 1982. Lo llamó la máquina de Boltzmann, y tenía una peculiaridad que seguro que nuestros lectores captan fácilmente:
Era un modelo generativo.
En eso se diferenciaba del modelo de Hopfield. Aquí Hinton se centraba en distribuciones estadísticas de patrones, y no en patrones individuales. Su máquina de Boltzmann —también una red neuronal recurrente— contenía nodos visibles que se correspondían con los patrones que debían ser “aprendidos”. El sistema trata de aprender cómo de buenas o malas son las distintas soluciones al resolver al problema, no se centra en una única solución exacta.
La herramienta es una fantástica forma de aprender y entender mejor todo tipo de temas a partir de los documentos y fuentes que nosotros elegimos
Su propio nombre apuntaba a su objetivo: convertirse en una especie de cuaderno de apuntes potenciado por el aprendizaje automático, o lo que es lo mismo, la inteligencia artificial. El proyecto pasó desapercibido durante meses, pero la última de sus funciones lo ha convertido en la última sensación de la IA.
Un profesor particular a tu alcance. La introducción de documentos también permite usar NotebookLM como un profesor particular: podemos hacerle preguntas sobre todos esos contenidos si no entendemos algo, pero también podremos pedirle que nos haga preguntas para ver si lo hemos entendido todo bien. Así, si metemos el temario de un examen, luego podemos pedirle que nos haga preguntas para repasar ese examen.
Pregunta y obtendrás respuesta. Una, y otra, y otra vez. Fijaos en los pequeños botones con números: NotebookLM siempre enlaza a la fuente de donde saca esa información.
Y si hay algo que necesite la IA —aparte de datos para entrenarla, claro— es energía. Mucha energía. Las grandes empresas tecnológicas lo están descubriendo a la fuerza. Sus gigantescas inversiones en nuevos centros de datos obligan a un suministro colosal, y muchas de ellas ya tienen claro cómo solucionarlo. Con energía nuclear.
Cambios en la demanda energética por región, 2022 – 2026. Fuente: IEA.